Creo que tenía alrededor de 20 semanas de embarazo cuando tuve que hacerle frente a lo que tarde o temprano toda embarazada debe aceptar: ¡No me quedaban ni las panties! Claro que ya había tenido que decirle adiós hacía varios días a mis jeans favoritos, pero no me imaginaba que las muy cómodas y supuestamente elásticas pantaletas se podían volver tan pronto un instrumento de tortura. Y a decir verdad lo mismo pasaba con esos hermosos sostenes de encaje que, de haber tenido personalidad, me hubieran demandado por abuso de sus capacidades.
Continue Reading >



