La primera vez que descubrí a mis hijos viendo un episodio de Monday Night Raw de la WWE casi me da un infarto. Ahí estaban mis inocentes querubines de 4 y 7 años, subidos al sofá, al lado de mi marido, dando gritos guerreros para apoyar a su luchador favorito.
Como uno de mis terrores es ser una madre sobreprotectora –lo que sin duda pasaría si no me controlo- me senté a compartir la experiencia y averiguar si la cosa era tan terrible como parecía, después de todo, mi esposo quien es una de las personas menos violentas que conozco, fue quien les introdujo al World Wrestling Entertainment, el mundo de la lucha libre para entretenimiento.
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