Por más que leas libros y escuches cuentos de todas las mujeres que han dado a luz antes que tú, nada te prepara para esa experiencia excepto vivirla por primera vez. Cuando quedé embarazada con mi primera hija, pensé que sería buena idea permitir que mi madre, mi suegra y mi hermana--además de mi esposo, claro--estuviesen conmigo en la sala de partos. Y así fue, aunque al final, no importó porque me tuvieron que hacer una cesárea y sólo dejaron que mi esposo entrara al quirófano.
Pero después de vivir esa primera experiencia, decidí que haría las cosas diferentes con mi segundo hijo.
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