Hyroko Klink estaba en las gradas del estadio de fútbol donde el equipo de su hijo Leo jugaba por la final del torneo de escuelas secundarias del estado de Hawaii. Su marido Paul estaba con ella y juntos miraron a su chico anotar un tremendo gol. Poco después la orgullosa madre trató de ir al baño porque estaba mareada.

Su esposo la vio rara y recordando las señales de una embolia le pidió que sonriera. El lado izquierdo de su cara estaba paralizado. Hyroko se enojó muchísimo cuando él llamó a la ambulancia y le prohibió se paralizara el partido. "No le digan a Leo", fue una de las últimas palabras de esta gran madre, que prefirió poner en peligro su vida antes de arruinarle el momento de gloria a su chiquito. Se me arruga el corazón.

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Leo, quien terminó siendo el héroe del triunfo de su equipo, dice que vio una ambulancia en el campo, pero asumió que era para un jugador que había sido lesionado. Tras la victoria, la cara de sus entrenadores le anticiparon que estaba pasando algo terrible. "Estaba llorando de felicidad hasta que mi 'coach' me contó de mi mamá. De ahí pasé a llorar por dolor", dijo el adolescente.

Leo no asistió a la entrega del trofeo o de las medallas. El chico estaba  con su mamá, de 52 años, quien murió dos días después, tras conversar difícilmente con su amor, su niño, al que vio pasar de un pequeñito que no sabía que hacer con la pelota, a un campeón estatal.

"Quería que lo último que pensara sobre mí es que la amo y que voy a portar muy bien y que nos vamos a ver de nuevo. Sé que me está cuidando ahora", dijo el joven en una entrevista con la prensa local. Añadió además que fue su mamá la que lo llevaba a los parques a practicar fútbol y estaba con él hasta que lo hacía bien. "Al principio era muy malo", explicó.

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Aunque esta historia no tiene un final feliz, es una de las que  más ternura me ha dado últimamente. Siempre leemos en las noticias padres cometiendo atrocidades contra sus hijos, pero en el caso de la familia Klink no vemos más que amor. El amor de una madre que hasta en su último minuto de vida puso primero a su hijo. El del hijo que honra el trabajo de su madre. El marido que está allí a cada paso.

La familia se siente orgullosa de que Hyroko era donante de órganos, con lo que en cierta manera seguirá viva en otros. 

Imagen vía CNN

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Alicia Civita lives in Florida, with her Argentinian husband, her two boys, 7 and 10 years old, her two rescued pit-bulls, a parrot, and a red bearded lizard. She has lived and written from Caracas, Madrid, Rio de Janeiro, Buenos Aires, and New York, among other cities. Since becoming a mom she has learned to saw, craft, and play videogames. She dreams with hosting a party with all of her Facebook friends.

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xtc_nena

Una muestra más de que el amor de madre es más fuerte que todo.

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