Hace un tiempo acompañé a una amiga a hacer una devolución en una tienda bastante cara. Ella había pagado una pequeña fortuna por una cartera y a los dos meses se le rompió el cierre. Iba decidida a que le devolvieran el dinero pero suponía que como ya habían pasado tantos días no se lo querrían devolver. Cuando entramos al local, mi amiga estudió unos instantes a las vendedoras y luego de apuntar con la cabeza a una en particular, me dijo: "Esa es la gerenta."
En efecto, era la gerenta y luego de disculparse profusamente, le ofreció a mi amiga una cartera más cara por el mismo precio que había pagado la suya y su garantía personal por un año de que no tendría ningún problema. Mi amiga aceptó.




